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Afasia

La afasia afecta al lenguaje tras una lesión del cerebro, la mayoría de las veces a raíz de un ACV (accidente cerebrovascular). El pensamiento permanece entero, los recuerdos y la inteligencia también, pero el paso entre lo que una persona quiere decir y las palabras que pronuncia ya no se produce como antes. Según los casos, son las palabras para hablar las que faltan, la comprensión de lo que se le dice, la lectura o la escritura, a veces varias a la vez.

Para el entorno, lo más desconcertante es un contraste: la persona está plenamente presente, atenta, y sin embargo las frases salen cortas, vacilantes, o con una palabra por otra. Encontrar el término adecuado puede tomar largos segundos, y una conversación rápida se vuelve enseguida agotadora de seguir.

Una persona con afasia puede fijar la mirada en una cuchara, saber exactamente de qué objeto se trata, para qué sirve, en qué cajón se guarda, y no conseguir que salga su nombre. La palabra está ahí, justo detrás, y se bloquea. Unos minutos después, esa misma palabra volverá quizá sola, sin el menor esfuerzo.

Esta mecánica explica muchos malentendidos. A veces se baja la voz ante una persona con afasia, se le habla como a un niño, se responde en su lugar. Nada de eso es necesario: basta la mayoría de las veces con dejarle tiempo, y aceptar que un intercambio dé algún rodeo para llegar al mismo sitio.

Lo que la afasia cambia de verdad en un intercambio

La afasia nunca se presenta dos veces de la misma forma. Algunas personas lo comprenden todo pero les cuesta producir las palabras, otras hablan con soltura pero captan mal lo que se les dice, otras se atascan sobre todo en la lectura o las cifras. Un día puede ser más fácil que el anterior, ya que el cansancio, el ruido o el estrés pesan mucho en la disponibilidad de las palabras.

Lo que entra en juego entonces no es solo práctico. Tener que repetir su necesidad 3 veces, ver a la persona interlocutora impacientarse o terminar sus frases, renunciar a tomar la palabra en un grupo: estas situaciones acaban por alejar de la conversación a personas que, sin embargo, tienen toda la capacidad de participar en ella.

Lo que ayuda en el día a día

Unos reflejos sencillos cambian mucho las cosas:

  • hablar con normalidad, a un ritmo pausado, en frases cortas y una idea a la vez;
  • dejar un verdadero tiempo de respuesta, sin llenar los silencios ni terminar las frases;
  • apoyarse en lo escrito, el dibujo, los gestos, los pictogramas o una foto para sostener la palabra que falta;
  • comprobar que se ha comprendido bien reformulando, en lugar de multiplicar las preguntas.

Muchos de estos ajustes suponen que el entorno sepa, desde el principio, cómo se manifiesta la afasia en esta persona concreta. Poder transmitir de una vez por todas estas pocas referencias, en lugar de volver a explicarlas a cada nueva persona interlocutora, alivia tanto a la persona afectada como a sus allegados.

Adaptaciones posibles

Las necesidades varían de una persona con afasia a otra, pero algunas adaptaciones se repiten a menudo.

  • En la escuela: consignas dadas una por una, de forma oral y escrita, tiempo adicional y recurso a los apoyos visuales; un PAP (plan de acompañamiento personalizado) o un PPS (proyecto personalizado de escolarización) puede formalizar estas adaptaciones.
  • En el trabajo: reuniones preparadas de antemano, actas escritas, posibilidad de responder por mensaje en lugar de hacerlo de forma oral; la RQTH (reconocimiento de la condición de trabajador con discapacidad), vía la MDPH (casa departamental de las personas con discapacidad), da derecho a adaptaciones del puesto.
  • En el día a día: personas interlocutoras avisadas del tiempo necesario, entornos tranquilos para los intercambios importantes, y apoyos como un cuaderno, imágenes o un teléfono para mostrar en lugar de decir.

Explicaciones según su perfil

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Afasia explicado a un Niño o niña

0–12 años

La afasia es cuando las palabras se pierden dentro de la cabeza. Imagina a alguien que sabe muy bien lo que quiere decir, pero las palabras no salen como de costumbre, a veces se mezclan, a veces faltan.

Es un poco como si la carretera entre el cerebro y la boca tuviera un gran bache: el mensaje está ahí, pero le cuesta pasar.

  • La persona puede inventar palabras o buscar otras
  • Habla más despacio, a trocitos
  • A veces le cuesta entender si hablas demasiado rápido

Pero ojo: la persona sigue siendo inteligente y capaz de sentir emociones. Es solo que las palabras están atascadas, no el pensamiento.

Casos concretos: Afasia

caso de uso

Adulto con afasia tras un ictus, 58 años
Cónyuge → Médico, profesional de urgencias, farmacéutico
El interlocutor entiende que la persona no puede hablar pero lo comprende todo, y adapta su comunicación sin tratarla como incapaz.

Lugar del QR: Tarjeta plastificada en la cartera

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