La palabra se queda atascada detrás de los dientes: la tarjeta metida en la carpeta de la evaluación enseña a la logopeda a mostrar primero y a esperar después
Una tarjeta metida en la carpeta de la evaluación, leída por la logopeda antes de la primera sesión, y el "bueno, cuéntame qué te pasa" se convierte en una imagen puesta sobre la mesa, con todo el tiempo del mundo para responder.
Este caso trata de un niño de 7 años con TEL (trastorno específico del lenguaje). El perfil lo redacta un padre o una madre. Está dirigido a la logopeda de consulta privada que retoma el seguimiento tras una mudanza, que solo dispone de cuarenta y cinco minutos para entender a un niño que habla poco y que entiende menos de lo que parece.
El miércoles a las 16:15, calle de los Tilos
Miércoles, 16:15, una consulta en el primer piso, una sala de espera con dos álbumes y una planta. Malo, de 7 años, se sienta en el borde de la silla, con los pies sin tocar el suelo. Céline, la logopeda, ha sacado el juego de tarjetas de siempre. Dice: primero pones la tarjeta del gato, luego la de la pelota, y después me dices lo que ves. Malo coge la pelota. Mira la mesa. Ya no queda ninguna frase.
Su madre había metido una tarjeta en la carpeta verde de la evaluación, junto con los informes de la logopeda anterior. Céline la escaneó la noche anterior, con un té tibio junto al teclado. Leyó que Malo capta una sola instrucción cada vez, que la palabra se le escapa cuando se le apremia y que se cierra si se encadenan las preguntas. Entiende más de lo que dice.
Entonces Céline guarda el gato y la pelota. Pone una sola tarjeta. Espera. Diez segundos, quince. Malo dice "pelota", y luego "redonda". A las 17:00 anota en el cuaderno: sesión uno, ha hablado sin que le apremiaran. La madre no ha tenido que volver a contarlo todo desde la guardería, entre dos puertas.
- Usted lo escribe
- El QR está colocado
- El lector escanea
- Comprendido, sin volver a explicar
Dónde colocar el QR para este caso
Una logopeda de consulta privada atiende a un niño cada tres cuartos de hora, con informes que escribir entre sesiones y una secretaria que no siempre está. El QR debe estar en lo que abre antes de recibir al niño, no en lo que ve pasar.
- Tarjeta metida en la carpeta de la evaluación, con los informes de la logopeda anterior y la receta del médico, entregada desde la primera cita.
- Enlace añadido al correo de la cita o al mensaje dejado en el contestador, para que lo vuelva a encontrar antes de preparar la sesión.
- Copia pegada en el cuaderno de comunicación que el niño lleva a cada sesión, por si la logopeda cambia de turno o la sustituye otra persona.
A evitar: la puerta de la consulta o la sala de espera, por donde pasan otras familias, y la cartilla de salud, que la logopeda no consulta. La ficha se dirige a quien dirige la sesión, no a todo el rellano.
Modelos de texto ya redactados
Los esquemas siguientes sirven de punto de partida para rellenar los tres apartados del perfil. Reescríbalos con sus propias palabras: la manera en que su hijo se bloquea, el tiempo que necesita y el apoyo que le ayuda son lo que una logopeda recuerda.
Para el apartado "Presentación"
"Me llamo Malo, tengo 7 años y tengo TEL. Entiendo más de lo que digo. Cuando la palabra no sale, me callo o digo otra cosa. Me gustan los animales, los camiones y los puzles."
Para el apartado "Cómo ayudar"
"Enséñeme la imagen antes de nombrarla. Dígame una sola instrucción cada vez y espere quince segundos. Si busco mi palabra, deme el comienzo de la sílaba, sin terminar mi frase."
Para el apartado "Qué evitar"
"Evite repetir la pregunta más fuerte. Evite dar tres instrucciones seguidas. Evite corregir cada error delante de mi madre. Y no me diga dilo bien, ya sé que lo he dicho mal."
Discapacidades relacionadas con este caso
El TEL es el centro de este caso. La ficha también sirve para un niño con dislexia, o para el que se calla por ansiedad o por mutismo selectivo: un apoyo visual, una instrucción cada vez, tiempo para responder.
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Tres textos (presentación, cómo ayudar, qué evitar), un código QR compartido. Al escanear, su interlocutor lee lo que debe saber, en su propio lenguaje.